Introducción del capitulo 3.6* del Libro Blanco del e-Learning:

El sistema de videoconferencia no es algo reciente: se presentó hace más de 50 años, en abril de 1964, con el nombre de Picturephone, en la feria mundial de New York por parte de los Laboratorios Bell para American Telephone and Telegraph. Company (AT&T). Los ganadores de ese año de Mrs. y Mr. América fueros las personas que durante 10 minutos mantuvieron una conversación en blanco y negro donde pudieron verse y escucharse. En su creación participaron más de 200 científicos de la época.

Esta posibilidad de vernos y escucharnos a través de los distintos dispositivos disponibles hasta la fecha ha abierto infinidad de posibilidades de comunicación, acortando distancias. En el ámbito educativo esta herramienta ha facilitado la transmisión de conocimientos permitiendo al profesor estar “más cerca” del alumno en contextos de enseñanza no presencial.

Cabe tener presente que el uso de contenido audiovisual por parte de los usuarios de Internet, queda de manifiesto a través de la proliferación de canales como Youtube que se ha configurado como un potente medio de difusión de contenidos en el que destaca la importancia de los tutoriales, ya que cada vez son más las personas que prefieren ver un tutorial a leer unas instrucciones en la pantalla o impresas en papel.

Lógicamente, la comunidad académica está obligada a incorporar estos nuevos hábitos con el objetivo de que el proceso de enseñanza – aprendizaje se sincronice con las nuevas costumbres que nacen al amparo de las Nuevas Tecnologías, de manera que los contenidos académicos se puedan llegar a asimilar e interiorizar con la misma facilidad que cualquier otro tipo de información.

De esta manera, los avances tecnológicos han convertido los contenidos audiovisuales en herramientas muy poderosas para las plataformas de teleformación, lo que ha facilitado que profesorado y alumnado tengan la posibilidad de acceder a diversos tipos de contenidos a través de las mismas.

Todo esto ha propiciado en el entorno educativo nuevos métodos y medios de interacción docente-alumno que han revolucionado los sistemas tradicionales de enseñanza-aprendizaje a través, precisamente, de los diferentes formatos audiovisuales: clases online mediante sistema de videoconferencia, webinars… etc.

Si bien es cierto que en el ámbito educativo se utilizan indistintamente los términos videoconferencia y webinars, hablamos de videoconferencia cuando la reunión virtual es bidireccional, es decir, entre personas que están en diferentes lugares y se comunican a través de audio o vídeo, pudiendo además compartir el escritorio, archivos, etc. y de webinar cuando la comunicación es “de uno a muchos” elevando la conferencia tradicional al rango de tutorial interactivo en el que los participantes, convocados con anterioridad, pueden comunicarse con el ponente (de un curso, charla, o seminario) a través de texto normalmente, obteniendo un feed-back inmediato y manifiestamente enriquecedor. 

Pero, además, la distribución de vídeo mediante la utilización de tecnologías ‘streaming’ que posibilitan la transmisión de un flujo constante de datos sin necesidad de descargarse previamente los archivos, ha permitido la inserción de vídeos en las plataformas educativas que posibilitan no solo una transmisión de conocimiento mucho más dinámica, sino que hace posible, a través de las cámaras, la interacción simultánea de varias personas a la vez, la impartición de una clase virtual o complementar los contenidos básicos de un curso.

Todo ello conduce a una convergencia digital que permite el manejo simultáneo de voz, datos e imágenes que generan nuevos escenarios educativos convirtiendo cualquier señal (texto, imagen, audio) en un único lenguaje al servicio del conocimiento y del autoaprendizaje.

Pero, más allá de las posibilidades técnicas ofrecidas por el sistema de videoconferencia, ¿podemos hablar de una eficacia real en el aprendizaje?

Si nos atenemos a la eficacia de estos nuevos escenarios, conviene recordar que, según el cono de aprendizaje atribuido a Edgar Dale, el aprendizaje es más eficaz cuando se desarrolla bajo un enfoque visual de los contenidos, de ahí que un material didáctico en formato texto incremente considerablemente su efectividad cuando se acompaña de elementos gráficos, puesto que ello permite mostrar de manera más eficaz varios conceptos a la vez.

Si a ello le añadimos el elemento auditivo, la combinación de ambos elementos –ver y oír, audiovisual- implicará una potenciación del aprendizaje hasta casi el 50% de los contenidos expuestos, lo que justifica la utilización de recursos audiovisuales multimedia que permitan el aprendizaje con un menor esfuerzo. Eficacia en el aprendizaje que se verá incrementada, según Dale, cuando el alumnado participa de manera activa mediante aportaciones por escrito o por voz.

Todo lo indicado pone de relieve la importancia pedagógica de los encuentros online a través del sistema de videoconferencia entre el docente y el grupo de participantes en entornos virtuales de aprendizaje.

Para que ello sea posible, sin embargo, conviene tener en consideración una serie de aspectos entre los que destacan los siguientes:

  • Un webinar o una videoconferencia formativa deben estar concebidos desde una definición muy precisa tanto del tema principal como de los secundarios, así como de los objetivos y del alumnado o público objetivo al que va dirigido. Alumnado que debe ser conocedor del contenido de la sesión con la antelación suficiente como para tener la posibilidad de adquirir unos conocimientos básicos sobre dicho contenido a fin de que la sesión tenga el mayor impacto posible sobre su aprendizaje, así como de organizarse su propia agenda personal a fin de poder participar en ella. Por tanto, será esencial definir correctamente la estructura de la sesión, al respecto de la cual se recomienda partir de lo general hasta llegar a lo particular exponiendo en primer lugar los conceptos clave para ir desarrollándolos o desgranándolos progresivamente.
  • El material textual o gráfico que se utilice durante la sesión ha de ser un material educativo y riguroso, sin que por ello se haya de renunciar a lo ameno y atractivo visualmente, lo que sugiere la utilización de esquemas, infografías, presentaciones correctamente diseñadas o cualquier otro material que impacte visualmente, evitando incluir más texto del necesario en dichas presentaciones dado que será difícil para los participantes leer y escuchar a la vez.
  • Igualmente resulta imprescindible mantener la atención de los participantes a través de la exposición de casos prácticos, actividades enriquecedoras, ejemplos y, dentro de lo posible, anécdotas interesantes.
  • Sobra decir que, por parte del ponente, es ineludible un elevadísimo nivel de implicación e interacción, animando a los asistentes a la participación y exposición de cuestiones y dudas, pero reservándose el tiempo necesario para responder de manera adecuada a cada planteamiento. Por tanto, se requieren unas habilidades docentes especiales teniendo en cuenta que la acción formativa se encuentra mediada por un elemento tecnológico, lo que requiere una interacción más frecuente y directa que en el caso de sesiones presenciales.
  • De la misma manera, será preciso que el ponente se dirija al alumnado con cierta frecuencia a el fin de saber si éste sigue correctamente el contenido de la sesión, a fin de poder reconducir la exposición de la misma antes de que los participantes pierdan completamente el hilo de la misma.
  • En cuanto a la duración, se aconseja un máximo de 40 a 45 minutos con unos 15-20 minutos de tiempo adicional reservado para interactuar con los asistentes a fin de responder a sus cuestiones relativas al conjunto de la temática tratada o a la solicitud de aclaraciones puntuales sobre aspectos previamente vistos en la sesión.
  • Por último, conviene prestar atención especial al cierre, contemplando siempre una llamada a la acción como puede ser la posibilidad de descargarse contenido adicional o documentación complementaria, realización de actividades, animar y motivar a los alumnos a inscribirse a nuevas convocatorias, etc.

En definitiva, en relación a los contenidos multimedia tanto en lo referente a las videoconferencias como a los webinar, y siempre sobre la necesidad de que, independientemente del formato, los contenidos deben resultar diferentes, originales e impactantes, cabe destacar las siguientes ventajas sobre los formatos tradicionales o meramente textuales de contenidos:

  1. Permiten interactuar en tiempo real y directamente con los asistentes, lo que facilita la cercanía entre alumnos y profesores, y evita que el alumno pueda sentirse solo en su preparación, haciéndole partícipe de una comunidad virtual de aprendizaje.
  2. Dado que es posible establecer una relación totalmente directa con los asistentes resulta posible detectar sus necesidades y resolver sus dudas o problemáticas en tiempo real.
  3. Facilitan enormemente la exposición y explicación de conceptos complejos o sobre los que conviene profundizar o someter a matizaciones.
  4. Permiten la reutilización del contenido posibilitando su descarga y visualización a posteriori, con el fin de reforzar conceptos o incluso para ver por primera vez en el caso de no haber podido asistir en el momento fijado para la sesión en directo. No obstante, en este último caso pierde la ventaja que comentábamos sobre la interacción en tiempo real y la posibilidad de resolver cuestiones y recibir un feedback inmediato por parte del ponente.

*Capítulo escrito por Cristina Castro, Eugenio Gallego y Alberto Martín de ADAMS Formación.