Internacionalizarse está más a la mano del que lo quiere hacer en estos momentos de lo que nunca ha estado en toda la historia de la humanidad. Una persona promedio recibe hoy en día en una semana más información de la que recibía cualquier habitante del siglo XVIII en toda su vida y el mundo se reinventa cada 22 meses, al doblar el conocimiento de la humanidad en ese periodo de tiempo. Nuestras posibilidades son ilimitadas.

Pero debemos tener presente que la internacionalización no puede ser una solución de emergencia. El proceso debe de responder a la estrategia central de la empresa. Con frecuencia, las compañías que abordan la internacionalización como la última medida o vuelven al mercado doméstico una vez que este se reanima, o fracasan gastando los últimos cartuchos que les quedaban.

Salir a probar, salir a ver,… sin una planificación, no suele terminar en un proceso de internacionalización, sino que la empresa gasta su dinero y no obtiene resultados. Hay que pararse y reflexionar, quién soy, qué tengo, qué me diferencia, qué puedo hacer, dónde podría ir, cómo, cuándo, con quién… En definitiva elaborar un plan estratégico para saber qué vamos hacer, cómo y qué recursos le tenemos que dedicar (tiempo, dinero y personal).

Tengamos presente que la fase de internacionalización de un negocio es un proceso lento y complicado y hace tanta falta un buen pulmón financiero como mucha paciencia, mucha mucha paciencia. Son procesos que exigen tiempo, por lo que no va a solucionar de forma inmediata los problemas que podamos tener por la contracción del mercado nacional. Hay que tener muy claros los plazos para tomar decisiones. Internacionalizarse cuesta tiempo, personal y dinero y quién piense lo contrario, se va a llevar una sorpresa desagradable. Por todo esto es importante ver el proceso como una gran oportunidad para nuestro negocio pero no como una necesidad.

Lo primero es buscar un país, no una región o un continente. Y a partir de ahí intentar crecer, con tiempo y esfuerzo. Los criterios de selección pueden ser muy variados, pero los más comunes son cercanía cultural y lingüística y países en crecimiento o en desarrollo.

La empresa internacionalizada debe hacer frente a una creciente complejidad organizativa y de diversidad. La internacionalización conlleva una actuación simultánea en diferentes mercados y países, que no necesariamente siguen un mismo patrón de desarrollo o crecimiento. Enlazado con ello está también la cuestión de la identificación y gestión del talento más adecuado para asumir una asignación exterior. Existen innumerables estudios que profundizan en el rol especialmente decisivo que tienen las personas que lideran proyectos internacionales en el éxito o fracaso del mismo. Estas personas, sobre todo si van a ser expatriadas, deben poder manejarse con soltura en entornos diversos y multiculturales, saber gestionar las diferencias y aprovechar las ventajas que eso supone. Su perfil debería combinar capacidad de adaptación, flexibilidad y empatía, además de un alto grado de tolerancia,  competencia e inteligencia cultural. Porque solo así se conseguirá que el proyecto de internacionalización atraiga e integre el talento local y consolide a largo plazo su futuro. Cabe imaginar que identificar personas con las anteriores cualidades no es tarea fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que también deberían acreditar experiencia y madurez profesional para poder tomar decisiones y asumir riesgos en entornos en los que probablemente cuenten con menos estructura y recursos de los que disponen en la sede central.

Pero no podemos olvidar que la marca España vende y que ahí fuera hay un montón de oportunidades esperando. Continuemos innovando porque la innovación ha sido un ingrediente fundamental para el éxito de la internacionalización de muchas grandes empresas: innovación en sectores punteros en tecnología y también en los sectores más tradicionales que nos podamos imaginar. Tras cinco años de crisis económica y uno y medio en el epicentro de las tensiones europeas, es comprensible que el pesimismo nos tiente. Sin embargo, ahora más que nunca, debemos mantener la perspectiva: distanciarnos de las dificultades —que no ignorarlas—, reflexionar, analizar nuestra estrategia, nuestros cimientos, y reconocer en ellos nuestras fortalezas. En muchos puntos del mundo, están emergiendo economías cuyas perspectivas de futuro son extremadamente halagüeñas y donde surgen y seguirán surgiendo grandes oportunidades. ¡Hay que buscarlas y aprovecharlas! Seducir a clientes externos con el know-how, conocimiento e ideas desarrollados en nuestro país es más que nunca una opción rentable. La clave está en la anticipación y la innovación.

 

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