La inversión y desarrollo de una red integral, lógica y apropiada de infraestructuras es esencial para el crecimiento sostenido de una región. Las infraestructuras son las base del desarrollo de la economía, ya que juegan un papel fundamental no sólo en la generación y distribución de productos, sino también en la prestación de servicios.

Como ejemplo ilustrativo se sitúa el caso de Asia, que crecerá a un promedio del 5% anual durante los próximos tres años, según el BID. Este crecimiento no tiene como base otro hecho que el desarrollo de una red de infraestructuras de primer nivel que se está llevando a cabo en dicho país durante los últimos años. En el caso de América Latina y El Caribe, sin embargo, pese al relativamente positivo pronóstico de crecimiento del 2,6%, el BID recomienda una inversión de 100.000 millones de dólares al año durante las próximas dos o tres décadas para “cerrar la brecha” en infraestructuras y favorecer el desarrollo comercial de la región. Además, recomienda no sólo construir más, sino hacerlo de una manera más sostenible.

Ante tal escenario, el panorama de inversión en infraestructuras en Latinoamérica se encuentra en plena ebullición. En lo que va de año, se han anunciado inversiones en infraestructura por valor de 44.600 millones de dólares en la región, repartidos entre infraestructuras de transporte (33.600 millones de dólares), energéticas (6.600 millones de dólares) y urbanismo y servicios (4.200 millones de dólares), destacando importantes proyectos que se encuentran en fase de licitación, diseño o construcción, tales como el Túnel binacional de Agua Negra, que comunicará Argentina y Chile a través de Los Andes (1.500 mdd), la red de tren eléctrico de la Gran Área Metropolitana de Costa Rica (1.600 mdd), la Red de Expresos Regionales de Buenos Aires (2.300 mdd) o el Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad México (9.500 mdd).

El panorama de inversión en infraestructuras se halla en un momento de crecimiento positivo y las previsiones de inversión a largo plazo lo son aún más. Estas cifras de inversión vienen acompañadas de innumerables posibilidades de desarrollo profesional para todos los profesionales que intervienen en el desarrollo de infraestructuras, ya sean urbanas, de transporte, energéticas, de edificación o tecnológicas.

Por tanto, el nuevo mercado de infraestructuras que está por ser desarrollado constituye un manantial de oportunidades para los ingenieros, ingenieros técnicos o arquitectos, tanto a uno como a otro lado del Atlántico.

América Latina demanda un cambio en su matriz de inversión y es indudable que los profesionales técnicos tienen mucho que decir al respecto.