El avance vertiginoso de la tecnología que nos rodea, y que nos sitúa en un estado de aprendizaje continuo, se ha vuelto una realidad muy familiar en nuestras vidas, pero no siempre nos hace tener una experiencia agradable en torno al cambio. Es habitual encontrar cursos o acciones formativas en las que los estudiantes se enfrentan a la existencia de un abismo entre los conceptos teóricos y la parte que pone en práctica los conocimientos adquiridos. Y esto, en muchas ocasiones, se debe a que la tecnología no ofrece al alumnado las herramientas necesarias para alcanzar un alto grado de libertad y preparar sesiones prácticas con calidad. Ante este tipo de situaciones, la industria del elearning ha ido evolucionando, especialmente en los últimos años, hacia nuevas soluciones que permiten la práctica inmersiva en entornos tecnológicos complejos.

Nuestra experiencia profesional nos enseña que es mucho más satisfactorio para el estudiante experimentar por sí mismo para llegar hasta el aprendizaje, una fórmula más efectiva que dejarle solo frente a la adquisición de nuevo conocimiento a través de la lectura y la mera visualización. Con ello se le hace más rápido y fácil el entendimiento del entorno que le desafía y se reduce su miedo escénico ante un posible examen.

Las principales marcas tecnológicas demandan que en sus exámenes de certificación oficial se incluyan sus productos, o una réplica de los mismos, para evaluar a los candidatos de una manera más inmersiva y práctica.

Dentro de los beneficios de esta práctica están reducir la curva de aprendizaje, eliminar el recelo inicial a una nueva aplicación, integrar nuestras herramientas con otras enfocadas al aprendizaje o no limitar su uso en dispositivos y navegadores, entre otros. El método de implementación autocorrige los pasos del estudiante/empleado y le ofrece feedback inmediato durante su ejecución para ayudarle a aprovechar al máximo su tiempo de aprendizaje.

 

 

Benito Castellanos
Key Account Manager de Media Interactiva