Entrenados para el cambio

La Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo lo ha dejado muy claro. En una de las últimas intervenciones de su director gerente Carlos Gómez Plaza afirmaba: “La formación para el empleo está generando la posibilidad de adaptación permanente a los nuevos retos”. O dicho de otra manera, sólo desde la formación se puede generar competencia, competitividad y diferenciación y para ello se necesita estar entrenado para afrontar los cambios de este periodo difícil que nos toca vivir.

En un reciente encuentro entre directivos y responsables de formación de las principales organizaciones de nuestro país, Gómez Plaza se refería a los desafíos, a los que debe hacer frente la formación dirigida a los profesionales y hacía hincapié en el valor de los procesos de aprendizaje como generadores de competencia en la empresa y como consecuencia resultados.

Con cerca de 23 millones de personas en edad productiva, cifra barajada en el encuentro, tan sólo el 32% de nuestra población participa de los procesos formativos, porcentaje que en países como Alemania supera el 50%. Si seguimos comparando con nuestros vecinos europeos encontramos países en los que alrededor del 60% de la población activa se forma de manera regular todos los años. Los porcentajes señalados tienen también una traducción directa en niveles de competitividad. España, según reflejan los indicadores mundiales, está lejos de alcanzar los primeros puestos, con un nivel que oscila entre el lugar 33 y 36. Es decir, no estamos ni mucho menos entre los primeros de la fila cuando se trata de estar preparados para ofrecer una respuesta y conseguir resultados, sobre todo cuando las cosas no van demasiado bien.

En este contexto es en el que la Fundación Tripartita plantea como desafío la introducción de la formación como una inversión en las empresas y no como un gasto. Las empresas españolas gastan aproximadamente la mitad de lo que invierten las organizaciones en los principales países de Europa y esta tendencia debe revertirse. Es decir, se trata de alcanzar un nivel de entrenamiento similar al de nuestros vecinos, y pasar del 32% actual al 50% como mínimo lo que implica llegar a más trabajadores, con mayor calidad y mediante metodologías de aprendizaje que partiendo de la personalización minimicen el coste.

Se trata en definitiva de ofrecer más formación vinculada al empleo, apostando por la demanda, por los trabajadores y que ésta repercuta en resultados en el entorno laboral. Más formación y mejor, sin que ello repercuta en los costes, o mejor aún, considerando incluso reducirlos. ¿Cómo resolver esta ecuación?.

Del total de la formación para el empleo que se lleva a cabo en nuestro país, la formación presencial representa un coste de cinco euros por hora más, respecto a la formación on-line. En nuestro país además, alrededor del 16% de los procesos de aprendizaje se desarrollan mediante la modalidad e-learning o blended, y aunque las tendencias marcan un crecimiento –superior a la media europea- todavía estamos muy lejos de situarnos en los niveles de países como Alemania o Francia.

Si queremos resolver la ecuación antes mencionada, la solución estaría en incrementar el número de procesos formativos e-learning, consiguiendo duplicar ese 16% para pasar en los próximos dos años a un 32%. De esta forma, el objetivo sería conseguir que uno de cada tres cursos sean on-line y así sería posible llegar a más alumnos reduciendo las cifras presupuestarias.

La formación on-line está ganando terreno a la formación presencial con un esquema de aprendizaje que depende del que aprende. Y ello reforzado por el ahorro económico de un sistema con capacidad de alcance ilimitada, sin límites temporales o geográficos y con una disponibilidad de recursos que se actualizan al momento. Se acabaron los encorsetamientos en esta primera generación de nativos digitales, que se incorpora a un mercado laboral donde la flexibilidad, la innovación y los cambios permanentes forman parte de sus reglas. Ha llegado el momento de hacer cosas diferentes y eso supone “aprender a aprender” y asumir que las empresas además de apostar firmemente por las posibilidades de la metodología on-line, deben hacerlo invirtiendo en un e-learning de calidad.